Crear desde la nada, a través del vacío

 Un par de semanas sin vernos y ya pasaron un montón de cosas...

¡Dimos el salto cuántico temporal!


¡Amix! Con muchísimo gusto, placer y satisfacción, me da decirte que hoy por hoy tengo un trabajo fijo tal y como lo pedían mis necesidades personales, a la vez que cuento con el ingreso extra de ser Staff de Eventos.

Primero quiero agradecerte por haberme acompañado durante esta pequeña travesía que fue incorporarme a Eventos Masivos. Así que, déjame darte un abracito🫂. Para muchas personas podría parecer poco o pequeño, pero para alguien hipersensible como yo, y que además venía de un profundo letargo laboral, añadiendo como cerecita del pastel: el trauma de haber pasado por trabajos que me consumían en muchos aspectos (principalmente emocional y físicamente), de verdad que fue un gran paso. También resultó ser la palanca para que una serie de eventos se desencadenaran frenéticamente. Tanto así que, de verdad, han pasado muchísimas cosas, tantas que ni tiempo me ha dado por sentarme a escribirte y actualizarte.

Pronto haré un post exclusivo para contarte todas las aventuras que han pasado hasta el momento, pero en esta ocasión, quiero traer a la mesa el cómo comencé a salir de esta etapa oscura en mi vida. Una etapa de muerte, duelo y resurrección. En el primer post recuerdo que te hablé un poquito al respecto, mencioné un punto muerto en mi vida al que yo llamé: "La muerte del ego". Quiero contarte que durante esos años porque sí, duró dos años exactos, morí de muchas maneras, pero creo que de las más impactantes y deconstructivas para mí, fue el ámbito laboral.

Como ya sabrás porque te conté en un post anterior, al vivir situaciones difíciles de procesar con mi familia, y yo siendo una niña muy pequeña, repercutió en mi rendimiento académico y promovió la creación de traumas en casi toda mi trayectoria escolar. Yo crecí de una manera... bastante curiosa. Verás: podría describirme a mí misma como alguien con un autoconcepto bastantemente alto, ya que me consideraba (y hasta la fecha me considero) alguien muy inteligente, astuta e ingeniosa. Era consciente de que mis capacidades cognitivas, incluso metacognitivas, estaban funcionando al 100. Pero a la vez, era tímida y lo suficientemente miedosa e inestable emocionalmente como para no esforzarme de más. Mi autoestima era baja y eso hacia un choque de interferencia con mi autoconcepto. Sufría, porque otra parte de mí sabía que la escuela, ese sitio con su desorganización y sus reglas absurdas, no era lugar para mí, pero a la vez anhelaba salvarlo porque podía ver todo lo estaba mal en él. Y como la relación tóxica de nuestra mejor amiga: yo creía firmemente que tenia todas las respuestas y la solución mágica para rescatarlo.

Fue así como poco a poco guié mi vida con el objetivo de hacer de ese sitio un lugar mejor para los niños y jóvenes. Un lugar al que me hubiera gustado asistir, pero que no tuve. Un refugio. Un segundo hogar. Al tiempo que intentaba salvarme a mí misma, demostrándome que sí era capaz de alcanzar el éxito social: titularme de una carrera universitaria. No iba a ser difícil para mí, ya que amo estudiar por mi cuenta y elegí una carrera que habla precisamente sobre eso: el aprendizaje en el humano desde que es concebido en el vientre materno hasta la muerte.

Mis padres siempre me apoyaron, porque sabían el valor y la importancia de tener conocimientos. Anhelaban un futuro totalmente distinto para mí y con todas sus fuerzas querían que yo tuviera la educación y los estudios que ellos no pudieron tener. Mamá al ser huérfana de padre, tuvo que trabajar desde muy joven para aportar al hogar. Mi abuela al quedar viuda y con tres niñas, desde muy joven trabajó todo el día, por lo que no podía estar al pendiente de mi madre. Mi mamá solo pudo estudiar hasta la secundaria y ella sola, viendo por sí misma la manera de seguir estudiando.
Por su parte, mi padre siempre estuvo solo y siempre quiso ir a la escuela, pero mi abuelo lo obligaba a trabajar y le decía que la escuela no era para él. Papá huyó de casa siendo muy niño y, realmente no sé cómo lo hizo, a veces me da dolor en el corazón solo de imaginar por todo lo que tuvo que haber pasado para seguir aprendiendo, pero logró estudiar una carrera técnica.

Ellos le daban valor y vida a un sueño que había nacido de mi corazón: el deseo de enseñar, de servir a otros, de crear una escuela nueva, diferente a todo lo conocido. Que fuera un refugio y no una cárcel. Un sitio de recreación y expresión en libertad y no un entrenamiento de obreros. Un lugar donde se enseñara a ser un ser humano que cuida y se experimenta así mismo; un artista que siente y crea; un científico que observa y pregunta; mucho antes que aprender a leer, sumar y restar. Mi visión de cómo debía ser recibido un nuevo humano en este mundo era muy grande, y no lo podía sostener en ese entonces. Incluso ahora, no sé si podría sostenerlo de seguir con ese sueño.

Creí que estar en el ámbito educativo era mi destino una vez me graduara de la universidad. Pero la vida me llevó a pagar una deuda que tenía conmigo misma...

El encuentro con mi catalizador

¡Aguanta, que con ese subtítulo ya te estoy dando tremendo spoiler para un post que ya se viene! "Mi catalizador" fue el que me hizo verme a mí misma, sentirme a mí misma, y percatarme de que todo estaba mal en mi vida. Que no estaba construyendo la vida que yo en verdad quería, y que ni siquiera tenía los cimientos básicos y necesarios para construirla. Mi catalizador me llevó directo al vacío, a la muerte de mi ego, ajá, el ego es aquello que creemos que somos: nuestros pensamientos y creencias, nuestros sentimientos, nuestra historia,  personalidad, logros, gustos, sueños etc. Pero que en realidad, no somos.

Me di cuenta de dos verdades que en el fondo yo ya sabía, pero no quería ver: Yo realmente odiaba la escuela, no quería trabajar en nada relacionado con ellas. Yo no quería salvar a otros niños de ese infierno, quería salvarme a mí misma...

Quería salvar a mi niña interior, más que a nadie en el mundo❤


El duelo implicó aceptar que abandonaría mi carrera en serio y posiblemente para siempre. No me dedicaría más a ella. Y aceptaría quién soy yo en realidad: Una artista que nunca pudo expresarse, que nunca fue tomada en serio bajo ningún concepto, y que pese a todo, siempre existió en mí, tratando de escabullirse y tener una salida al mundo material por cualquier mínima rendija que encontrara.

"Siempre existieron historias, diálogos, personajes y escenarios en mi mente, música, sonidos, voces... Pero yo sólo jugaba con ellos. Jamás los tomé en serio."

Mi niña tenía el alma de una artista, tenía una imaginación muy grande, pero al no ser canalizada de la forma correcta, le jugó en su contra creando imágenes mentales, futuros aterradores, historias horribles sobre ella misma, sobre su pasado y su destino, autenticas pesadillas de lo que los demás opinaban de ella.

Llegar a la conclusión de que mi carrera no me iba a servir más, y posteriormente tomar la decisión de soltarla, no sólo fue duro para mí, sino que también llevó tiempo, meses de tristeza y duelo. Pero una vez llegada esa claridad, me enfrentaría al aterrador VACÍO. Literalmente me vacié, me quedé sin nada, sin motivo y sin razón para existir. Ya no sabía quién era.

"¿Y ahora qué hago? ¿A qué me voy a dedicar? Si no sé hacer nada..."

Me encontraba en una encrucijada, porque si bien, había dado el salto para liberarme de los trabajos esclavizantes, tenia que sostenerme de algo. Cualquier persona necesita generar ingresos para poder vivir y claramente yo necesitaba sobrevivir económicamente hablando.

Es justo aquí donde en verdad este post comienza a tomar forma, porque enfrentarme a la incertidumbre, al vacio, a la nada, fue lo más aterrador que he sentido en mi vida. Incluso tuve estados que se asemejaban al estado emocional de los suicidas, aunque claro, yo jamás atentaría contra mi vida. 

No creas tampoco que literalmente salté al vacío, así sin más, sin paracaídas. Fue un proceso paulatino, en donde me iba acercando poco a poquito a lo que yo quería. Me explico: mis primeros trabajos habían sido enteramente en entornos relacionados a la educación. Mi top nunca fue ser maestra y estar al frente de un grupo. No porque no me gustara o no lo quisiera, sino que para mí era un gran problema tener a muchos niños y esperar que todos avanzaran al mismo ritmo. Para mí eso siempre fue ridículo, porque todos los humanos somos únicos, y como si de una plantita se tratara, tenemos ritmos de progreso diferentes. Por lo que mis trabajos estaban enfocados a otras áreas educativas. Desgraciadamente, cuando uno no está dentro de una escuela, entonces se está dentro de una oficina, y yo terminé dándome cuenta que los horarios laborales y el entorno de una oficina no son lo mío. Definitivamente. Para empezar, no quiero estar trabajando todos los días, de lunes a sábado, encerrada en un lugar en donde la vida y los días se me están pasando. En donde casi no puedo ver la luz del sol, porque tengo que levantarme muy temprano para llegar a tiempo al trabajo, ya que hay mucho tráfico en la ciudad, y por la misma razón termino regresando muy noche a mi casa. Eso sin contar los días de lluvía donde todo se inunda, el tránsito aumenta de forma descomunal y terminas mojándote de agua sucia. Lo mismo sucede en temporadas de frío y calor.

Yo espero que no en todos los lugares sea así, pero generalmente en las oficinas se crean dinámicas bastante tóxicas de poder, de microviolencia, de relaciones sexuales interpersonales que terminan armando un chismerio. Eso no me gusta, y yo sé que tú puedes estar pensando que esas situaciones existen en casi todos los ámbitos, y sí, no lo voy a negar. Pero déjame decirte que sí existen lugares sanos.

Derivado de mi último trabajo en el sector educativo, me puse a reflexionar lo que más me había perjudicado, y de ahí salieron dos conclusiones: 

  1. Estar literalmente encerrada en la oficina y no tener interacción con la gente es algo que no tolero, me entristece.
  2. El equipo de trabajo. No porque en realidad fueran malas personas, sino porque tenían costumbres y actitudes tóxicas bastante arraigadas.
El hacerme consciente de la importancia que tienen las personas con las que nos rodeamos, hizo que sin darme cuenta, de alguna manera yo manifestara un empleo con un excelente ambiente laboral y un gran equipo de trabajo. Dado que también había detectado que me gustaba atender directamente a las personas, empecé a buscar trabajos de atención al cliente y fue así como terminé dando en un trabajo de recepcionista en una clínica. 

Para no hacerte el cuento más largo, la experiencia en la clínica fue tanto buena como turbia. Como mencioné, mis compañeros de trabajo y yo fluíamos de una manera excepcional. El problema, y el más grande problema, fue nuestro líder, el médico director en jefe. No sé si todas sus acciones eran ilegales, pero parecían. No sé si así sean todos los médicos, pero las enfermeras parecían tenerle miedo y él trataba a mi otra compañera recepcionista a regaños. Cuando quiso hacerlo conmigo, obviamente renuncié.

Mi nueva reflexión tomaría en cuenta, aparte de los puntos anteriores, el servir a un buen jefe o a una buena jefa. Alguien con quién pudiera comunicarme libremente y que tomara en cuenta las opiniones. Pero sobretodo, alguien que supiera hacer bien las cosas y le gustara intentar hacer cosas nuevas, y que tuviera el buen tino de improvisar y resolver cuando no salieran bien las cosas.

Como ves, la lista se iba haciendo cada vez más larga. Sabía lo que no quería y eso me daba una idea de lo que necesitaba, pero... ¿¡EN DÓNDE CHINGADOS IBA A ENCONTRAR UN TRABAJO QUE CUMPLIERA CON TODOS MIS REQUISITOS!? Comenzando con que yo ya no podría soportar un horario de 9 a 6. Y todos los trabajos que me aparecían en plataformas de empleo, eran del mismo tipo.

"Mantente firme al deseo, no aceptes otra cosa." 

Pasaron muchos meses, un año, sin exagerar, en lo que vivía a expensas de mi madre y sobrevivimos al límite. Por muchos CV's que enviara, no lograba concertar ni una sola entrevista. El juego había cambiado completamente para mí: yo antes iba a varias entrevistas y conseguía trabajo sin esperar tanto tiempo. Esto era demencial, una exageración. Yo estaba entrando en la locura. Estaba apunto de aceptar cualquier cosa, cualquier sueldo y regresar a lo que tanto me drenaba. 

Hasta que paré y decidí volver a concentrarme y reflexionar sobre mí misma. Es decir: Tomarme en serio como artista. Y fue justo en el momento en el que comencé a centrarme en la creación de videos y capturar eventos, cuando todo se empezó a mover, todo comenzó a conectar y llegué a la convocatoria para ser Staff de conciertos.

A mí me gusta llamarlo BIG MAGIC, como diría Lizz Gilbert en su libro homónimo. El empezar a mover la energía y el cuerpo en los eventos, después de meses en parálisis, hizo que las situaciones también comenzaran a moverse, y una convocatoria a la que yo había atendido a principios de año para entrar a un Call Center, avanzó a su siguiente etapa. Me llamaron de un día para otro para que asistiera a una entrevista, que más bien fue una propuesta laboral ya definitiva; a la siguiente semana me llamaron para capacitarme e inmediatamente ese fin de semana (porque el trabajo es de sólo de asistir los fines de semana) ya me encontraba laborando.

A lo que quiero llegar con todo esto y con lo que me gustaría que hoy te lleves de este post, es que la vida me ha demostrado que este juego se trata siempre de regresar a uno mismo. De parar, y ser honestos con nosotros mismos. De poder tener la habilidad de entendernos y escuchar lo que en verdad quiere nuestra alma, y no nosotros mismos (el ego). Por supuesto, también requiere de paciencia y perseverancia, porque lleva tiempo.

Dentro de nosotros está toda una personalidad construida por todo lo que hemos vivido desde el momento en el que fuimos concebidos, pero también existe un alma que vino a expresarse y a experimentarse, y que tiene características únicas; creo que nuestro trabajo es permitir que esa alma salga y viva, incluso un poco por encima de la identidad que construimos a lo largo de nuestras vidas. Para lograr conocer a esa alma que habita dentro, es necesario saber contener y darle toda la seguridad que nuestro yo (ego/identidad/ personalidad construida) necesita. 

Y precisamente esto último es lo que voy a hablar en el post del catalizador. Así que no te lo pierdas ☝🏻.

Gracias siempre por leerme y nos estamos leyendo la próxima. Saranghae, dirían las keipopers. 🫶🏼

Comentarios

Entradas populares de este blog

En búsqueda del trabajo independiente

Distorsiones mentales